Esta obra de Judith Butler propone una reconceptualización de la materialidad de los cuerpos al cuestionar la distinción tradicional entre un sexo biológico estático y un género construido socialmente. El texto argumenta que el cuerpo no es una base pasiva, sino que se manifiesta a través de la performatividad, entendida como la repetición constante de normas discursivas que producen el efecto de una naturaleza física. Butler examina cómo el imperativo heterosexual y los sistemas de poder definen qué sujetos se consideran legítimos y cuáles son relegados a la abyección o la exclusión. A través de un análisis que vincula la filosofía clásica, el psicoanálisis y la teoría política, la autora explora cómo las categorías de raza, clase y sexualidad convergen en la formación de la identidad. Finalmente, se destaca que la inestabilidad de estas construcciones ofrece oportunidades para la subversión y la transformación de los marcos que otorgan inteligibilidad a la vida humana.
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